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El precio de la carne no va a aumentar sino que comenzará a actualizarse para intentar alcanzar a la inflación
26/01/2023 | Valor Soja
Finalmente, llegó el esperado ajuste del valor de la hacienda en el mercado argentino luego de un -planchazo- que se extendió durante varios meses.

 

Ya empezamos a observar que muchos medios de comunicación comenzaron a indicar que se viene un fuerte aumento del precio de la carne vacuna y eso es efectivamente así, pero, para hablar con propiedad, es necesario remarcar que se trata de un incremento nominal en un contexto inflacionario.

En el año 2022, según datos oficiales del Indec, la “canasta cárnica vacuna” mostró una inflación interanual del 42,6% versus un 97,5% el promedio de alimentos y bebidas no alcohólicas en comercios y supermercados de la ciudad de Buenos Aires (CABA-GBA).

Eso implica que el año pasado los precios minoristas de la carne vacuna argentina acumularon un retraso de más de cincuenta puntos respecto del promedio general de la inflación de alimentos. Es decir: en la “paritaria cárnica”, a los integrantes de esa cadena le bajaron el “salario” a la mitad.

El principal causante del retraso que venía registrando el precio de la hacienda –y por extensión de la carne– es la pauperización del poder adquisitivo de los argentinos, quienes, frente a la aceleración inflacionaria, vienen comprando cada vez menos cortes bovinos para priorizar la adquisición de alternativas más baratas, como es el caso del cerdo o el pollo.

Si bien la crisis social argentina no es nueva, sí lo es el hecho de que la demanda internacional, que hasta el primer tramo del año 2022 venía muy firme, comenzó luego desacelerarse. Y también cayeron los precios de exportación. Un “combo” completo.

Esa realidad, junto con una progresiva pérdida de competitividad del sector exportador cárnico –potenciada por los cupos de exportación, derechos de exportación y la “retención cambiaria”– impidió durante varios meses que el exceso de oferta presente en el mercado interno pueda derivarse hacia el exterior (como ocurre en cualquier economía de un país normal).

Frente a tal escenario, los empresarios ganaderos comenzaron a tomar acciones defensivas para reducir la cantidad de dinero perdido. Los criadores incrementaron la retención de vientres, mientras que los invernadores abandonaron sistemas intensificados de engorde, los cuales son más económicos, pero también más lentos e impredecibles. Lo mismo hicieron los industriales al comenzar a desactivar unidades de faena o suspender operaciones en el sector frigorífico.

Así es como la oferta de carne fue descendiendo hasta encontrar una relación de equilibrio con la demanda, de manera tal que los precios logren finalmente actualizarse en función de la depreciación del peso argentino causada por la emisión monetaria descontrolada.

Entonces lo correcto, en la actual coyuntura, no es afirmar que la hacienda (y luego la carne vacuna) está “subiendo”, sino que los valores presentes en la cadena cárnica finalmente lograron actualizarse para comenzar a ajustarse en línea con la inflación.

En otras palabras: se acabó el precio “subsidiado” de la carne bovina y los precios, a partir de ahora, comenzarían a ajustarse para equipararse con la inflación. Hasta que eso suceda, va a pasar un tiempo, así que es un buen momento para ir hasta la carnicería y aprovechar la última fase del “hot sale” vacuno argento.

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